¿Se debe de poner a dieta a un niño?

Nuestros hijos son la primera generación que probablemente viva 5 años menos que nosotros. Impactante, ¿no?

Los cambios en el estilo de vida como las largas jornadas de trabajo, tiempo de traslado, falta de tiempo para prepararnos comida, malos hábitos alimenticios junto con el incremento del uso de la tecnología han hecho que México sea el primer lugar en obesidad infantil y adulta en el mundo. Desafortunadamente, el 70% de los niños obesos serán adultos obesos.

A los 12 años el pediatra me diagnosticó sobrepeso. El doctor se volteó hacia mi mamá y le dijo “¿Quién hace el súper en tu casa?”. En ese momento mi mamá decidió cambiar lo que había en la alacena y en el refrigerador poniéndome al alcance las mejores opciones. Sacó refrescos, papas fritas, galletas, alimentos procesados, panecitos y dulces. Ella fue mi gran apoyo.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud: “Para proteger la salud de los escolares, la escuela debe promover una alimentación sana, así como la actividad física. Se alienta a los gobiernos a que limiten la disponibilidad de productos con alto contenido de sal, azúcar y grasas.”

No se trata de poner a dieta a un niño. Definitivamente esa no es una opción.

La solución está en la actividad física y los buenos hábitos alimenticios.

El ser humano está diseñado para moverse y estar activo. Desde hace unas décadas, la actividad física ha desaparecido de la vida diaria. Si logramos integrar 30 minutos de actividad física en los primeros 10 años de un niño, podrá aprender a amarla y a integrar el deporte en su vida.

Además de ayudar a mantener un peso saludable, los beneficios de la actividad física son: mejor rendimiento en la escuela (niños más atentos, mayor retención, mejores calificaciones, menor ausentismo), mejor comportamiento (trabajo en equipo, menor índice de violencia), mejor salud (menor riesgo de cáncer, obesidad o diabetes, menor propensión a fumar o a consumir drogas) y mejor autoestima (mayor confianza en sí mismos, menor riesgo de depresión, ansiedad o estrés).

Por otro lado, los malos hábitos alimenticios son causados por falta de tiempo y la comodidad de los alimentos procesados. Cada vez cocinamos menos en casa. El problema no es únicamente tener sobrepeso, sino desarrollar enfermedades como diabetes, infartos, colesterol alto y enfermedades de los riñones.

Te recomiendo cambiar el consumo de refrescos y jugos comerciales embotellados por agua natural como principal bebida hidratante, así como disminuir el consumo de alimentos con alta densidad de energía (botanas, galletas, pastelillos industriales, entre otros alimentos).

El gusto por el sabor dulce es un hábito que se aprende en etapas tempranas, por lo que consumir alimentos y bebidas con edulcorantes artificiales no permite que los niños disminuyan su gusto y el consumo de alimentos y bebidas dulces.

Sé tú el ejemplo. Si quieres que tu hijo tenga mejores hábitos, tienes que empezar tú mismo a ser el mejor ejemplo. En cuanto tu hijo vea lo importante que es para ti alimentarte sanamente y hacer ejercicio, querrá seguir tus pasos. Lo último que le debes decir es que necesita bajar de peso y ponerse a dieta. No te enfoques en perder peso; enfócate en un estilo de vida saludable. ¡La solución está en tus manos!

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