Premios y Castigos

Siempre he pensado que esas dos palabras o clasificaciones son muy fuertes, ya que etiquetan las acciones de los pequeños; es como llamar “bueno y malo”, ¿qué es bueno y qué es malo? Cuántas veces hemos escuchado a padres de familia o a la gente que interviene en la vida del pequeño etiquetándolos, diciendo; eres un chillón, eres un berrinchudo, es el desobediente” Probablemente en vez de decir “berrinchudo” podríamos decir “no me gusta que hagas berrinche, o no te ves bien haciendo berrinche”, eso cambia completamente la manera en la que el niño introyecta tanto la emoción que a ti te genera, como el concepto de si mismo.

Definitivamente sé que eso depende de cada familia con base en sus costumbres y educación, pero es bien sabido que clasificar a los niños y etiquetarlos no es bueno para desarrollar su autoestima.

Cuando nos referimos a un premio o a un castigo, queremos decir principalmente la conducta recompensada o desaprobada de una manera física o simbólica, en la cual la primera se refiere a un juguete, o a algún artículo que sepamos que al niño le agradará, de manera simbólica, nos referimos a un acto, salir a jugar, ver televisión, algo que no tenga que ver con lo material, algo no palpable, esto se efectúa en cuanto a los premios. En cuanto a los castigos, nos referimos al acto de la ausencia de estos dos factores (físicos o simbólicos) sin embargo, en muchas ocasiones (depende de los valores y la manera de educar que tiene la familia) al castigo se le agrega una nalgada o un manazo.

En épocas pasadas o en la de nuestros padres, la conducta se ”premiaba o se castigaba” sin hacer conciencia plena de lo que estaba sucediendo, escuchábamos el típico “porque lo digo yo, o porque soy tu madre, o porque soy tu padre” y consistía principalmente en una agresión física.

Retomando un poco las diferencias entre una familia y otra, pienso que la mejor manera de “castigar o premiar” a un niño es proveerle de las herramientas necesarias para que aprenda lo que en su familia es aceptable o no, “Si estudias para tu examen, tendrás una buena calificación y pasarás de año sin ningún problema. Ahí estaríamos hablando de una consecuencia positiva de una acción, si nos enfocáramos completamente en un premio o un castigo, diríamos algo como “si pasas el examen, te regalo el juguete que pediste” ojo, no está mal esta última, sin embargo, no advertimos a los pequeños, no hay una consciencia plena del acto.

Y ya partiendo de esto podemos empezar a hablar de Consecuencias, pero ¿qué diferencia hay entre Consecuencias y Premios y Castigos? Definamos entonces que las diferencias están directamente en la acción, cuando hablamos de un premio o un castigo, es la acción, ya sea “recompensando o castigando” la acción tal cual, cuando nos referimos a Consecuencias, es hacer consciente la acción, que haya una comprensión de lo sucedido, que el niño pueda entender de una manera incluso concreta, que el acto cometido tendrá una repercusión.

Existen las Consecuencias Positivas y Negativas, las cuales la meta principal es hacer conciencia del acto, que haya un entendimiento de lo que ha sucedido. La primera se refiere a una conducta esperada de parte de los padres, la cual será elogiada, festejada, o recompensada según los acuerdos previos en la familia, y por supuesto, avisada con antelación al pequeño. La segunda se refiere a una conducta no esperada, la cual será determinada también por un consenso familiar (papá y mamá principalmente) y por lo tanto, el pequeño también está al tanto de la situación. Una parte primordial de las consecuencias es tomar en cuenta la edad de los pequeños, en donde conforme están más grandes, podemos ir ampliando la explicación y que puedan observar más claramente las consecuencias a futuro.

Un ejemplo claro podría ser; “si estudias para tu examen, tendrás una buena calificación y pasarás de año sin ningún problema. Ahí estaríamos hablando de una consecuencia positiva de una acción, si nos enfocáramos completamente en un premio o un castigo, diríamos algo como “si pasas el examen, te regalo el juguete que pediste” ojo, no está mal esta última, sin embargo, no advertimos a los pequeños, no hay una consciencia plena del acto.

Es importante adecuarnos a la edad de nuestro pequeño, no podemos pretender que un niño de 1 año entienda lo mismo que uno de 4 o 5, independientemente de esto, lo más adecuado es que la instrucción sea clara y concreta, ya que depende también de esto que el pequeño tenga una comprensión de lo solicitado, así como aplicar la consecuencia lo más inmediato posible, sobre todo con los de menor edad ya que ellos olvidan rápido y fácilmente, y entonces no comprenderán lo que sucede.

Con un niño pequeño (aproximadamente de 2 a 4 años) la explicación debe ser más concreta y clara, ya que ellos no tienen muy claro lo que significa el espacio y el tiempo “no debes de pegar porque le duele, o recoge tus juguetes para que puedas irte a dormir”

Lo más importante en este tipo de consecuencias de las que estamos hablando, es la firmeza, la coherencia y la congruencia y por supuesto, la constancia de estas, ya que si un día las aplicamos y otro día no, o depende de nuestro humor estaremos confundiendo a nuestros pequeños y no podemos pretender que actúen conforme a lo esperado, ya que les estamos enviando un mensaje contradictorio.

A continuación proporciono 7 sugerencias para que apliques las Consecuencias Positivas o Negativas de una manera más óptima:

1.- Las consecuencias deben ir relacionadas con la falta.

2.- Se ajustan al tamaño de la falta.

3.-Inmediatas

4.-Límite de tiempo.

5.-Tienen fecha de caducidad.

6.-Objetivas

7.- Educativas

Y lo más importante, recuerda, cada familia y cada niño son diferentes, y lo que te puede funcionar a ti, no necesariamente le funciona a alguien más y viceversa.

Clínica de Atención Psicológica Integral CAPI

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