Obesidad Infantil

En un mundo, en donde la tecnología ha rebasado las paredes de la comunicación, en donde la globalización ha llegado a la esquina de nuestra casa, y en donde la demanda económica ha exigido que ambos padres salgan del hogar para buscar el alimento de cada día, nuestros niños ¿dónde quedaron?

Actualmente México posee el primer lugar en obesidad infantil, un “mal” que ahora aqueja a las escuelas, padres de familia  y sociedad en general. Pero para entender y atender el tema, primero tenemos que definir qué es la obesidad.

La Organización Mundial de la Salud OMS define la obesidad cuando en una persona su índice de masa corporal (IMC) o bien la relación entre el peso y la talla, es igual o superior a 30.

Socialmente se cuenta con la percepción de que en lo niños la obesidad es una señal de buena salud, pero dentro del trabajo clínico se puede observar que un niño que padece de obesidad presenta rasgos tales como pasividad, dependencia, depresión. Generalmente son apáticos, callados, tímidos o pueden explotar con ataques de cólera (Perezbiachelanni, 1996).

El niño va almacenando en su pequeño cuerpo grasa que se va acumulando en pliegues, los cuales lo van deformando y dificultando así su habilidad física. Cuando el alimento no es consumido en la quema de calorías diaria, se vuelve dañino para el organismo convirtiéndose en exceso de grasa. Por lo tanto, es difícil hacerle romper esta rutina  pues nos encontramos con un niño pasivo física y emocionalmente (Pérez Espinosa, 1992).

De manera superficial, en niño que padece de obesidad devora el alimento casi con la intensión de querer hacerlo “desaparecer”. Esto lleva a que el niño más allá de buscar una satisfacción a nivel fisiológica, busca ahora “llenar” una necesidad emocional.

Un niño obeso presenta dificultad en poderse reconocer la  relación entre la  sensación de hambre y saciedad, además de tener distorsionada su imagen corporal. Cuando la madre no reconoce tampoco las necesidades de su hijo, éste no identificará adecuadamente lo que necesita. (Haynal, 1984).

En nuestra sociedad actual, ambos padres salen a trabajar día a día, quedando la educación de los hijos a cargo de un tercero, tercero que no cumple con una función maternal de enseñarle al niño a ingerir la calidad ni la cantidad de alimento adecuadas para él.

Por otro lado, la falta de tiempo en compañía de los hijos orilla a las madres a querer cubrir esta ausencia, ansiedad y culpa sobrealimentándolos o promoviendo el consumo de alimentos altos en calorías pero que debido a su preparación instantánea, facilitan la tarea ahorrando tiempo y esfuerzo. De esta manera satisfacen sus propias necesidades y compensas sus fracasos y frustraciones. Si a esto se le suma un padre que adopta un papel secundaria dentro de la dinámica familiar o que evita involucrarse demasiado, no logrará restaurar la relación madre e hijo reforzando a que se vuelva un estilo de vida para el niño.

Por otro lado, un niño que se siente infeliz, puede hallar consuelo en la comida tratando de manejar de esta manera su propia inseguridad y autoestima, pues la comida se encuentra ligada a experiencias emocionales. De esta manera simbólica la comida representa amor, satisfacción y seguridad. Siendo así, el sobrepeso se vuelve una escusa, defensa o distracción para sus dificultades reales, volviendo la pérdida de sobrepeso difícil pues se tiene el miedo a perder lo que simbólicamente ese cuerpo obeso representa (Perezbiachelanni, S. 1996).

La falta de interés en actividades deportivas, el poco tiempo de calidad a nivel familiar con el que se cuenta , el sedentarismo y la cantidad de tiempo que ahora los niños invierten frente al televisor o frente  un videojuego, agravan esta condición y aumenta en ellos la posibilidad de desarrollar prematuramente enfermedades como gastritis, colitis y/o diabetes, por lo que es importante que ante una conflictiva así, se tenga un tratamiento multidisciplinario en el cual se incluya la participación nutricional y psicoterapéutica.

Entre más temprano se puedan tratar el caso, mayores serán las posibilidades de éxito.

   Para mas información de CAPI

Referencias bibliográficas:

  • Haynal, A. (1984) ANOREXIA AND OBESYTY. España: Ed. Masson
  • Perezbiachelanni, S. (1996) IMPLICACIONES EMOCIONALES EN LA OBESIDAD INFANTIL. Aletheia No.15. México: IIPCS
  • Pérez Espinosa, J. (1992) RELACIONES FAMILIARES Y OBESIDAD. Aletheia No.11 México: IIPCS
  • http://www.who.int/es/

 

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