Los terribles dos.

MVZ. Karin Vomend Álvarez.

Por fin llega a casa el anhelado cachorro. Llevan dos meses esperando a que nazca y otros dos meses para que se los entreguen. Cada que lo visitaban en la casa de los papás se imaginaban ese momento sublime de tenerlo en casa porque siempre lo veían tan limpiecito, tan juguetón, tan adorable. Le compran sus platitos, su camita, su collarcito con su plaquita. ¡Ah! Todo es tan bonito hasta que llega a casa y demanda el ciento por ciento de tu atención. No te deja comer, no te deja bañarte y mucho menos dormir. El angelito no está acostumbrado a dormir solo. Los perros no son solitarios, viven en jaurías y la soledad no está en su naturaleza, y como tú fuiste capaz de alejarlo de su manada pues ahora tú tienes la obligación de hacerle compañía las veinticuatro horas que tiene un día.

Como es imposible proporcionarle a tu perro la totalidad de tu tiempo, éste se encargará de mantenerse entretenido en tu ausencia. Primero empezará a “descubrir” su entorno masticando tus zapatos, el control remoto del televisor, tu celular y cualquier otro objeto que se encuentre a su alcance. Acuden al veterinario y le preguntan si ese comportamiento es normal y, tras revisar a tu cachorro, el veterinario te dirá que está mudando los dientes y que es necesario que muerda para aliviar esa sensación. De ahí corren a la tienda de accesorios y salen con un arsenal de pelotas, mordederas y juguetes para perro. El problema es que esos juguetes no huelen a ti y por lo tanto seguirá prefiriendo tus zapatos. Obviamente los más caros son los de mejor sabor.

Cada que lo dejan solo en casa regresan aterrados de ver con qué se van a encontrar ahora, qué se encuentra roto, mordido, destruido o lo que es peor: desaparecido. Intentan dejarlo en el patio o en el jardín para que no destruya las cosas de la casa, pero resulta lo mismo. En el patio hace hoyos en la tierra, saca las plantas de las macetas, se come las raíces y acaba con tierra hasta adentro de las orejas. Corre el riesgo de tragarse alguna planta tóxica y envenenarse o tragarse algo que le provoque alguna oclusión intestinal.

Aparte de ser máquina de destrucción masiva, tu cachorro no te dejará ni caminar, te brincará encima en cualquier ocasión que pueda mordiéndote los tobillos y jalándote la ropa. Al principio esta conducta resulta adorable pero cuando salgas arreglado para algún evento social ya no resultará tan chistoso. Es importante que establezcas límites y no permitas este tipo de conductas porque las tendrá con las visitas y en su vida adulta será un perro desobediente.

Todo este tipo de conductas y otras casi igual de desagradables son normales en los cachorros. Ellos no destruyen, exploran su mundo fraccionándolo en pedacitos. En esta etapa también establecen qué tipo de relación tendrán con sus dueños. Afortunadamente esta conducta va disminuyendo con la edad y se termina aproximadamente a los dos años de edad. Cuando un perro alcanza esa edad ya conoce su entorno y no será necesario “fraccionarlo,” así que deberás armarte de paciencia para esperar esos 24 meses.

Algunas cosas que pueden ayudar a que esos dos años no sean terribles son fáciles de practicar y ayudarán a que tu perro crezca saludablemente. La primera es que mantengas a tu mascota con sus vacunas y desparasitaciones al corriente.

Mantén a tu perro bien alimentado únicamente con alimento procesado, de preferencia Premium y Super Premium. Este tipo de alimento le proporciona todos los nutrientes que requiere lo cual evitará que ingiera objetos que no son alimentos.

Si evitas alimentar a tu mascota con alimento casero se portará mucho mejor debido a que no estará rogando que le des “probaditas” mientras comes.

Ejercita a tu mascota de acuerdo a su edad. No puedes ejercitar a un cachorro de manera vigorosa, pero caminatas ligeras y el juego ayudarán a que no le sobre tanta energía que puede utilizar en destruir. Educa a tu mascota y establece límites. No permitas conductas agresivas o negativas que en el futuro serán muy difíciles de erradicar. Muchas mascotas son abandonadas o sacrificadas por no haberlas educado a tiempo.

Si es posible trata de tener más de un perro. Los perros son más felices si viven con otros perros y te ayudarán a no tener que atenderlos tanto debido a que se entretendrán entre ellos.

Y recuerda que una mascota sana, es una mascota feliz.

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