Lo que decimos a nuestros hijos se convierte en su voz interior.

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Los niños conforme van creciendo van tomando decisiones de acuerdo a cómo se sienten. Este sentimiento tiene que ver con la percepción que tienen de sí mismos, de los demás y del mundo que los rodea. así lo expresó el Dr. Alfred Adler (Psicólogo Humanista, padre de la Psicología Individual).

En este sentido, las palabras y actitudes que tenemos los padres al relacionarnos con los hijos son un poderoso mensaje para construir o destruir su autoestima, porque son los mensajes que el niño/a va recibiendo de su propia persona a través de sus padres o figura de apego.

En muchas ocasiones por actuar en piloto automático y sin pensar realmente qué efecto tienen las palabras o actitudes sobre los niños, ellos se desalientan y desaniman, percibiendo a nivel inconsciente distintos mensajes como: “no soy capaz, “no soy tan bueno como mi hermano”, “soy un tonto”, etc..

Los niños se sienten desanimados cuando sus padres o cuidadores:

– Los etiquetan: “siempre el mismo flojo”
– Los comparan: “mira tu hermano que bien se porta”
– Los humillan: “si serás…”, “¿eres o te haces?”
– Los insultan: “que menso, fíjate bien lo que haces!”
– Los sobreprotegen: “déjalo así hijito, yo lo hago por tí mejor”
– Los critican: “así no se hace”, “está mal eso que hiciste”
– Les ponen altas expectativas: “para ser alguien, tienes que ser el mejor”
– Los subestiman: “no… tú aún no puedes lograr eso”
– Los ignoran o minimizan sus sentimientos: “hay no es para tanto..”, “que exagerado!”
– Los cohartan constantemente: “no hagas eso”, “no toques”, “no hables así”, “no te subas”, “no corras” ¿Se han puesto a pensar cuántas veces al día se le dice a un niño “no esto”, “no lo otro”?

Pensemos en la gran responsabilidad que implica la crianza de un niño/a y lo que eso conlleva, es por eso que cultivar el autocontrol para hacer frente a los desafíos que ellos nos plantean en el día a día es el primer paso para dejar atrás estas prácticas que no construyen habilidades de vida en nuestros hijos.

Ser empáticos con sus emociones “comprendo como te sientes hijo”, escucharlos “quiero saber más, te escucho”, tratar de entender sus puntos de vista “comprendo lo que dices pero yo opino distinto, ¿cómo lo solucionamos?, guiarlos poniéndoles límites con amor y firmeza “te quiero pero eso no lo permito”, comprender que están aprendiendo “veo que quieres explorar, pero eso que haces es peligroso”, permitiéndoles tener autonomía tomando pequeñas decisiones “hoy es sábado, puedes elegir si quieres bañarte ahora o luego de jugar”.

Los niños están permanentemente adquiriendo información y experiencias del mundo. Están descubriendo quiénes son sus padres, sus maestros, los demás y sobre todo están descubriéndose ellos mismos como individuos. Ayudémoslos y guiémoslos con amor, dignidad y respeto!

Por Carla Herrera
Directora de Pequeño Gran Humano
Educadora Certificicada para Padres y Aula en Disciplina Positiva

Web : www.pequenogranhumano.wordpress.com
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