Invertir en salud mental no es cosa de locos.

Si escuchamos que nos dicen: “Necesitas una terapia” o “Tienes que ir con el psicólogo”, ¿qué es lo primero que nos viene a la mente?

Varias personas pensarían: “¡Yo por qué!, si yo no soy el que está mal, son los otros, ¿no?”, “Yo no creo en esas cosas”, “¡Cómo voy a ir a contarle a un extraño mis problemas!”

Y es que es asombroso cómo en pleno siglo XXI, con tantos avances de la humanidad en cuanto a tecnología, diferentes descubrimientos e innovaciones impresionantes; aún sigamos invalidando la importancia que las emociones tienen en nuestro hacer diario, en todas las áreas de nuestra vida y su impacto dentro de nuestras relaciones interpersonales. Aún son muchas las personas que consideran que ir al psicólogo es cosa de locos; incluso, asocian esos momentos en los que alguien les dice que les convendría una terapia o en los que ellos lo consideran, con la imagen de Randley Murphy, el personaje que interpreta Jack Nicholson en Atrapado sin salida, dentro de un hospital psiquiátrico.

Y, ¿cómo saber qué tipo de ayuda necesito? Si un psicólogo… de qué tipo, si es con el médico general o quizá con otro especialista. Es en este punto en donde ya no se sabe con quién y a dónde acudir. Y si bien no es algo con lo que nacemos sabiendo o que nos enseñaron en algún momento, sí es importante que al considerar ir a terapia, contemos con las mejores herramientas para la tranquilidad de que estamos yendo con el especialista adecuado y evitar malas experiencias.

Razones por las que se busca una terapia

No hay un único motivo por el que nos pase alguna afección, enfermedad. A veces se tiende a decir: “Es que su pareja o su familia o los otros, le hicieron algo, y entonces se enfermó, o fue porque se separó, o es que se jubiló.” Es como una tendencia a aventarle a alguien o a algún suceso en particular, la razón por la cual esa persona se enfermó, cuando en realidad, siempre hay una diversidad de razones por las que llegamos a enfermar, a tener problemas en nuestras relaciones con los demás, a sentir una emoción crónica o una situación en la que ya no estamos a gusto.

Quizá decimos que buscamos una terapia cuando nos sentimos: tristes, deprimidos, tuvimos una situación traumática, cuando descubrimos algo con lo que no sabemos qué hacer, o bien cuando nos mandan a ir (la escuela, la pareja o alguien de nuestro entorno que ya no nos aguanta y nos puso un ultimátum). La mayoría de las veces buscamos una terapia cuando hay algo que no podemos resolver por nosotros mismos. En general, lo que buscamos es el alivio de un dolor mental, puede ser por: celos, enojo, desesperación, tristeza, angustia, ansiedad, envidia, etc.

La importancia de las emociones en nuestra vida

Siempre, siempre, hay una correlación entre el mundo externo y el mundo interno, que sería el mundo de nuestra mente: lo que decidimos estudiar, lo que hacemos en el día, la profesión o actividad laboral que ejercemos, el tipo de personas con las que nos relacionamos, la manera como interactuamos con nuestro jefe, el tipo de relación de pareja y la dinámica que establecemos con ella, el por qué a veces nos causa conflicto alcanzar o no alcanzar ciertos objetivos en nuestra vida, lo que nos hacemos, lo que comemos, lo que metemos a nuestra mente. La mayoría de las veces tenemos eso que nos afecta en un plano donde no somos conscientes de ello, pero no por eso nos libramos de su impacto en nuestras vidas.

Somos seres biopsicosociales, es decir, hay una correlación entre nuestro organismo físico, (todo lo que incluye la parte biológica de todo nuestro cuerpo) con lo social (nuestro entorno, familia, sociedad) y con lo psíquico (lo relacionado con las emociones, la mente).

Hay ciertas afectaciones físicas que tienen una mayor determinación de causas emocionales, es decir, que se originan donde lo emocional tiene un mayor peso. Esto no es así siempre, y hay que ver caso por caso, pero, por ejemplo, dentro de las enfermedades llamadas psicosomáticas tenemos: asma, alergias, hipotiroidismo, artritis, lupus, piel, gastritis, colon irritable, obesidad mórbida, dermatitis o el vitiligo.

Entonces, si a causa de un dolor de muelas fuéramos con un ginecólogo, este seguramente diría: “Se equivocó, yo no tengo las herramientas para quitarle su afección, necesita ir con el especialista adecuado para lo que le pasa”. Ante la necesidad de una cirugía de corazón, difícilmente vamos a considerar a un buen dentista o ginecólogo para que la realice. Sé que el planteamiento se escucha bastante absurdo. Pero, entonces, ¿por qué cuando llegamos al tema de las emociones y los medicamentos psiquiátricos, consideramos la posibilidad de que sea el médico general quien nos mande unas gotas para dormir bien o para bajar la ansiedad? ¿Por qué la resistencia a acudir al especialista que tiene las herramientas para quitarnos nuestra afección; cuando lo que necesitamos es una psicoterapia?

¿Qué hace un psicoterapeuta, un psiquiatra, cuáles son las diferencias entre ellos y cómo saber qué tipo de terapia necesito?

Psic. Mónica Carrillo

CAPI

Clínica de Atención Psicológica Integral CAPI

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