El “¿para qué?” de la educación.

Categoría: Cultura, educación, padres, hijos, escuela.

Maestra Magdalena Miranda.

Estar ante un grupo de niños, jóvenes o padres de familia y preguntarles las razones que tienen para asistir a la escuela, para ser educados, saber por qué es que mandan a los hijos a la escuela, hace reflexionar sobre si el verdadero objetivo de la educación se tiene claro.

En una encuesta realizada a alumnos de primaria, secundaria, universidad, y a padres de familia, encontramos que las respuestas en su mayoría fueron: “La educación es para tener un mejor futuro”, “la educación es para obtener un buen empleo”, “la educación es para ganar dinero cuando sea grande”,”vamos a la escuela para aprender”. Respuestas como esta son reflejo de la típica creencia de los alumnos y padres en la que la educación se visualiza como un objetivo a largo plazo, como un aprendizaje que les servirá en el futuro. Se debe saber y tener la conciencia de que lo que se aprende día a día es para utilizarlo en la vida diaria para generar un bien, primero para la persona y en segunda instancia para su comunidad. Todo aprendizaje debe tener un sentido, debe ser significativo para el alumno dentro de su entorno.

Desde los primeros años de formación académica, el alumno debe conocer claramente el objetivo fundamental de educarse, debe comprender que a la escuela se asiste para ser mejores cada día, debe ser y estar consciente de que todo aquello que aprende debe ser utilizado para todos los días, pues en la escuela se adquiere conocimiento que nos ayuda para la resolución de problemas que se van presentando en la vida. La formación académica no debe verse como una calificación o como la simple tarea de alcanzar un certificado puesto que la educación va más allá de números, documentos y cosas cuantitativas.

La escuela transforma, la educación hace al individuo un mejor ciudadano; le aporta conocimiento, sabiduría, valores, actitudes; y dentro de lo más importante, el cuarto pilar de la educación, enseña a saber convivir, a interactuar con los demás. En las aulas cada instrucción debe tener una intención, y debe ser compromiso y obligación de los padres de familia y de la comunidad contribuir premeditadamente con esta intención. Sería muy interesante escuchar a un padre de familia aportar a esta intención preguntándole a su hijo o hija en algún momento del día: “¿Cómo te fue en la escuela?”, “¿Qué aprendiste?”, “Eso que aprendiste ¿En dónde y cómo lo utilizarías?”, “¿Para qué te sirve lo aprendido?”.

Otra forma sería por ejemplo: si su hijo(a) aprendió los números, pregúntele: “¿Cuanto juguetes tienes?”, o “¿Cuánto tendré que pagar si compro 5 pizzas?”, “¿Cuantos autos rojos circulan por la vía?”; si aprendió sobre historia, “¿Cómo impacta ese suceso en nuestros días?”, “¿Por qué crees que fue importante que eso sucediera?”; si aprendió adjetivos calificativos, “¿Cómo calificas la sopa de hoy?”, “¿Cómo es tu camisa?”, “¿Cómo está el clima?”. Haciéndolo tomar conciencia que calificar a algo o a alguien debe de ser con respeto.

Este tipo de cuestionamientos entrelaza lo aprendido con el entorno del alumno, y da la pauta para la reafirmación de los valores y actitudes positivas, además contribuyen también como una herramienta de acercamiento hacia su hijo. Tener un objetivo claro garantice en gran medida el aprovechamiento de las acciones que realizamos. La educación nos convierte en mejores personas todos los días.

coneduq.org.mx

AMOR Y PASIÓN POR LA EDUCACIÓN

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