El arándano, comprendiendo la oxidación celular y la importancia de los antioxidantes

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El arándano,  comprendiendo la oxidación celular y la importancia de los antioxidantes

Cecilia García Schinkel, nutrióloga

Mucho se habla de los antioxidantes últimamente. Cremas, lociones, pastillas y alimentos son comunicados como ricos en antioxidantes y capaces de ayudarnos a prevenir el envejecimiento celular prematuro, la oxidación de los tejidos y hasta las enfermedades crónico-degenerativas.

Pero, ¿es esto cierto? ¿Qué son estas sustancias llamadas antioxidantes y en qué procesos intervienen? ¿Qué alimentos o sustancias tienen mayor capacidad antioxidante y cómo funcionan? ¿En qué sistemas o tejidos tienen efecto?

En el ambiente, a causa de la combustión de los motores y también por la acción de los rayos del sol, se producen unas moléculas inestables que contienen especies muy reactivas del oxígeno, o sea oxígenos que se encuentran dentro de la molécula de forma muy inestable y tienen una urgencia por reaccionar para estabilizarse. Los oxígenos presentes en estas sustancias, llamadas también agentes radicales libres, buscan superficies a las cuales oxidar. A veces oxidan nuestros coches u objetos de metal, y otras veces hasta los monumentos y edificios públicos. Pero otras veces más oxidan nuestra piel, el cabello y las membranas que cubren nuestros órganos tanto de manera exterior como en el interior del cuerpo, al que penetran a través de la respiración.

Dentro de nuestro cuerpo también se producen especies reactivas del oxígeno, o moléculas inestables con oxígenos ávidos de reaccionar. Éstas se producen durante la respiración celular, que es una reacción de oxidación, y sobre todo cuando el cuerpo trabaja a marchas forzadas por estrés físico, asociado al deporte extremo o al trabajo vigoroso, o por estrés emocional, debido al trabajo intenso en el sistema nervioso.

Los agentes radicales libres o especies reactivas del oxígeno actúan oxidando los tejidos y los tejidos oxidados son mucho más débiles, quebradizos y se encuentran deshidratados. Esta consecuencia de la oxidación, en primer lugar, brinda a nuestros tejidos una apariencia envejecida, una mayor susceptibilidad a los rayos del sol y, por lo tanto, a la aparición de manchas. En segundo lugar, la oxidación nos hace mucho más susceptibles a las infecciones de todo tipo, pues los tejidos débiles y resquebrajadizos son mucho menos resistentes al ataque de los microorganismos.

La presencia de los agentes oxidantes también parece afectar a los lípidos o grasas que circulan en nuestra sangre, oxidándolos y los lípidos oxidados, sobre todo el colesterol LDL, son más propensos a acumularse en las paredes de las arterias y contribuir al riesgo cardiovascular.

Por último, cuando un tejido se encuentra envejecido prematuramente a causa de la oxidación, su multiplicación celular no es tan efectiva y se pueden producir errores en la misma, que se asocian con las primeras etapas del cáncer.

Por eso el consumo adecuado de antioxidantes es una de las más importantes estrategias para prevenir el desgaste prematuro de los tejidos, resolver y prevenir enfermedades infecciosas de todo tipo y ayudarnos a prevenir las mutaciones celulares que se asocian con las etapas primeras del cáncer. Y para los que vivimos en las grandes ciudades, donde la contaminación es más abundante,  o que vivimos con más estrés,  ya sea físico o emocional, es todavía más importante.

Debido a lo anterior es una estrategia de salud importante hacer énfasis en el consumo de antioxidantes con agentes preventivos de las enfermedades crónico-degenerativas, sobre todo las cardiovasculares, e infecciosas de todo tipo además de agentes que protegen la piel y el cabello del envejecimiento o desgaste excesivo

De entre todos los alimentos, aquellos que contienen vitaminas A, E y C destacan por sus capacidades antioxidantes. Pero además se han identificado otras sustancias conocidas como fitoquímicos, presentes en los tejidos vegetales, de manera muy importante en las verduras y frutas, con un gran poder antioxidante. Entre todas ellas destacan los arándanos o cranberries, pues son muy ricos en aquellas sustancias, las proantocianidinas, asociadas a su color característico rojo, que se han identificado como unas de las de mayor poder antioxidante con la escala ORAC que mide precisamente eso, la capacidad antioxidante.

Así, cuando incluimos productos de arándano en la dieta de manera habitual ya sea bebiendo jugo, como jalea en postres, como acompañamiento de platos principales o consumiendo arándanos deshidratados como parte del desayuno, refrigerio o colación, o en las ensaladas y postres, consumimos grandes cantidades de muy poderosos antioxidantes que nos ayudan a prevenir el daño en los tejidos celulares asociado con la oxidación, protegiendo  las paredes de las arterias de la oxidación del colesterol LDL, y ayudando a prevenir las mutaciones celulares asociadas con las primeras etapas del cáncer y con las enfermedades infecciosas de todo tipo.

Arándanos o cranberries, por su poder antioxidante, de los más intensos que se han encontrado en la naturaleza, y por su capacidad protectora de la oxidación en los tejidos. Puñitos de arándano deshidratado, sorbitos de jugo de arándano que significan menor oxidación en los tejidos y una apariencia más juvenil, lozana e hidratada, además de una mayor resistencia a las enfermedades infecciosas y crónico-degenerativas. Arándanos para ayudar a prevenir las mutaciones celulares que se asocian con el cáncer.

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