Duelo y Tanatología

Por Psicoterapeuta Humanista y Tanatóloga Adriana Guerra – terapeuta en Neuroingenia

La muerte y nuestra cultura

La muerte es parte de nuestra condición humana, es un fenómeno natural y universal, por lo que existen infinidad de explicaciones y creencias alrededor de ella. Hablar del tema suele ser complicado y generalmente, tendemos a negarlo o evitar comentarlo por miedo a herir a alguien o al dolor que nos causa a nosotros mismos.

Culturalmente, el tema de la muerte se aborda de diferentes formas. En México la tradición incluye manifestaciones emocionales, religiosas y artísticas que enmarcan el proceso de duelo. Los rituales alrededor de la muerte cumplen con la función de ayudar a las personas a asimilar la pérdida, permite que la gente cercana nos acompañe y que reconozcamos las emociones que sentimos.

En nuestro país, celebramos en noviembre el Día de Muertos, tradición con origen prehispánico que fue adquiriendo nuevas características debido a influencias españolas tras la conquista. Los rituales alrededor de la muerte se centraban desde entonces en ofrecer tributo a quienes habían dejado esta tierra. Entre rituales y ofrendas recordaban la vida de aquellas personas y los honraban con diferentes elementos. Esta visión facilitaba el manejo de las pérdidas, ya que veían a la muerte como algo natural y las condiciones de la misma como consecuencia de la propia vida.

Esta celebración, declarada en 2003 como Patrimonio Intangible de la Humanidad por la UNESCO, conserva la tradición de hacernos recordar a nuestros muertos mediante ofrendas, visitas a panteones o iglesias y distintas manifestaciones, culturales, religiosas y artísticas entre otras. Permitiéndonos vivir la muerte de nuestros seres queridos de una forma distinta, recordando su vida, acompañados y trascendiendo lo compartido. Sin embargo, para la mayoría, sigue siendo un reto aceptar la muerte.

Duelo y tanatología

 Actualmente es más común escuchar las palabras “duelo” y “tanatología”, sin embargo ambos términos llegan a confundirse. La realidad es que tanto duelo como tanatología son conceptos utilizados para abordar temas concernientes a la vida: las pérdidas. Las personas que sufren una pérdida significativa, la muerte de un ser querido o la proximidad del final de la propia vida, presentan una serie de síntomas como resultado de estos procesos.

Sufrir una pérdida implica una serie de situaciones que nos afectan  en distintos aspectos de la vida, desencadenando lo que conocemos como duelo. El duelo es un proceso de adaptación posterior a la pérdida, es dinámico y se caracteriza por un desgaste físico y emocional que causa un desajuste en la actividad cotidiana de las personas.

A lo largo de la vida, nos enfrentaremos a la muerte de distintas personas a nuestro alrededor, tanto familiares como amigos, de personas jóvenes y/o adultas. El manejo de cada una de estas situaciones resulta determinante para la elaboración de cada duelo y la percepción que tenemos, incluso, de nuestra propia muerte.

La Dra. Kübler-Ross, considerada la madre de la tanatología, estudió el estado emocional de los pacientes en fase terminal y enunció cinco etapas para describir las reacciones durante el duelo: negación, ira, negociación, depresión, aceptación. Dado que, el duelo es un proceso dinámico, es imposible pensar que estas fases aparezcan en el mismo orden e intensidad en todas las personas.

Hoy en día existen distintas aproximaciones teóricas para abordar el trabajo de duelo, estas investigaciones tienen un enfoque constructivista que centra su trabajo en la asimilación de la pérdida a través de la elaboración del duelo.

¿Qué es una terapia tanatológica?

La terapia tanatológica está orientada a brindar apoyo a quienes atraviesan por una pérdida o proceso de duelo, tiene como objetivo transformar la percepción inicial del evento y sus síntomas para lograr una integración total de la experiencia de pérdida.

Esta intervención terapéutica trabaja desde diferentes niveles de acuerdo al momento por el que se esté atravesando. Por medio de información, acompañamiento, empatía y técnicas específicas aborda las expresiones emocionales del paciente y, en ocasiones de familiares, para disminuir su angustia y frustración, eliminar sentimientos de culpa y aceptar su condición para lograr la consolidación de un sentido de vida.

La intervención puede empezar tras recibir una noticia inesperada (el diagnóstico de una enfermedad, la pérdida del trabajo, la decisión de divorciarse, o la muerte de un ser querido), durante el desarrollo de dicha situación acompañando al paciente y familiares, hasta alcanzar un desenlace. En el caso de alguna muerte se puede continuar trabajando con los sobrevivientes de la pérdida en la elaboración y resolución del duelo. Al lograr la disminución de los síntomas con el apoyo emocional se puede empezar con el siguiente paso: la reconstrucción de la vida personal.

¿En qué casos se recomienda acudir a una terapia tanatológica?

Cuando es difícil retomar las actividades y la vida cotidiana se ve interrumpida por un malestar físico y/o emocional, si algo impide a la persona realizar sus actividades de manera satisfactoria es momento de considerar un apoyo terapéutico. Cuando un duelo  se alarga debido a la imposibilidad de sobreponerse a la noticia de una pérdida, se corre el riesgo de caer en un “duelo crónico”, por lo que consultar a un tanatólogo al sentir dudas respecto al propio proceso puede prevenir futuras complicaciones.

A continuación compartimos algunos puntos a identificar postulados por el Dr. Robert Neimeyer:

  • Intensos sentimientos de culpa.
  • Desesperación extrema.
  • Inquietud o depresión prolongadas.
  • Síntomas físicos, como la pérdida sustancial de peso.
  • Ira incontrolada.
  • Abuso de sustancias.

“Pensemos en la muerte como parte de la vida y demos un lugar especial a las experiencias disfrutadas con aquellos seres queridos que han fallecido”.

NEUROINGENIA es una clínica de especialistas (Psicología, Pedagogía, Psiquiatría, Neurología y Neuropsicología) que contribuyen a mejorar el entorno y calidad de vida de niños, adolescentes y jóvenes, que atraviesan por alguna dificultad emocional, de conducta, aprendizaje, psiquiátrica o neurológica. Su método es efectivo y distinto ya que cada caso es analizado, investigado y canalizado con el experto correspondiente, para lograr un diagnóstico certero y personalizado, que realmente ayude al paciente y a sus familiares.

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