Conoce la Disciplina Positiva

Si deseas que tus hijos tengan una actitud positiva, tú como padre puedes empezar con la buena escucha, comprender sus necesidades emocionales y empatizar con ellos.

¿Por qué Disciplina Positiva?

Porque funciona, desde pequeños hasta adolescentes. La Disciplina Positiva guía a los padres a comprender el comportamiento de su hijo según su edad. La crianza basada en modelos autoritarios proyecta a niños a sentirse desoídos, retraídos y tristes logrando obediencia absoluta, además de la imposición los niños pierden el interés de escuchar a sus padres. La crianza permisiva conlleva a niños ser infelices, deja al niño en una situación de abandono y pone en duda la tranquilidad de sus padres. En ambos casos, el niño se resiste a la orientación de sus padres y no internaliza la autodisciplina.

La Disciplina Positiva está en la línea del medio,  es un modelo democrático que direcciona a la paternidad amorosa, simplemente es la única ruta que mantiene a nuestros hijos en el camino correcto, ofreciendo en forma efectiva resistir la tentación de ser punitivos. Los estudios demuestran que ayudar a los niños a aprender a  ser considerados y responsables, hacen a la familia una institución estable y armoniosa.

Cuando se acude a métodos estrictos hasta vencer, los niños no tienen un buen comportamiento, ellos se sienten amedrentados, impotentes y con  baja autoestima. No tiene sentido castigar a un niño físicamente que ya se siente mal y el desánimo los tenga abatidos.

Disciplina Positiva conlleva a los padres a dirigirse hacia sus hijos de forma respetuosa, a impulsar la autorregulación, es el patrón más sabio en el mundo espiritual,  como línea del medio no encaja ni en el exceso – ni en lo perfecto.

Estos padres se caracterizan por respetar los ritmos madurativos del niño pequeño y de los más grandecitos, son los padres que ponen límites de manera progresiva. También apuesta por la sencillez, reivindicando el espacio y la libertad que el niño requiere para que florezca su individualidad. Son padres libres de la presión de criar hijos perfectos, pueden disfrutar la crianza y nutrir la capacidad de resiliencia en ellos.

  ¿Por qué hablar de disciplina es malo?

Para empezar, la mayor parte de las personas piensan que la disciplina es castigo físico. ¿Sembrar miedo es una estimulación potente, verdad? Seguramente corta el mal comportamiento de raíz. Pero la investigación confirma lo que la intuición nos debería decir que la fuerza física enseña a los niños todas las lecciones incorrectas. Los niños que son castigados aprenden que ésta es la única opción correcta, incluso los golpes son justificados en algunas circunstancias (por ejemplo: cuando sea adulto), las personas que supuestamente amas pueden herirte.

No es de extrañar, evidentemente los niños físicamente disciplinados son más agresivos hacia otros niños, como adolescentes se comportan desenfrenadamente y como adultos son violentos y propensos a la depresión.

Pero entonces, ¿cómo los niños aprenden lecciones?

Los niños que son físicamente castigados en realidad no atienden enseñanzas, porque cualquiera que haya sido severamente castigado alguna vez puede dar testimonio en el que llegan a obsesionarse con fantasías de auto-justificación y venganza tomando en cuenta el control para prevenir el mal comportamiento a futuro evitando castigos.

Como resultado, los niños que son físicamente disciplinados no sólo son más propensos a repetir comportamientos problemáticos con otros niños, sino que tienden a comportarse cada vez peor, incluyendo la violencia. Si aún está considerando la severidad y la represión, por favor lea la sección llamada ¿Debo pegarle a mi hijo?… Si no, te estarás preguntando cómo funciona.

Desde el punto de vista psicológico se intenta llegar a la causa sobre el origen de un comportamiento. Importa mucho más los sentimientos y las emociones, que han llevado a un niño o a un adulto a un comportamiento determinado, usted puede reprimir el comportamiento, lo puede modificar, pero si la causa sigue estando… pasa con los síntomas, como tomar un pastilla para calmar el nivel sintomático pero muy probablemente no puede llegar al origen del resfriado como pudiera sentirse cansado, estresado, con el sistema inmune bajo.  De modo que no es llegar al abordaje sintomático sino llegar a la causa de todo comportamiento infantil.

Disciplina Positiva es la disciplina más eficaz para detener problemas de comportamiento

“Entonces ¿qué clase de disciplina debe utilizar un padre compasivo, para obtener el buen comportamiento de los pequeños en edad inmadura que apenas desarrolla la capacidad de controlarse?… ¿acaso se está volviendo completamente loco?”

Todos los padres abordan esta situación. La disciplina es una de las palabras mayormente buscada en Google por muchos padres. Generalmente se abstienen de usar la fuerza física asumiendo que la disciplina significa algún tipo de castigo, porque la visión de nuestra cultura de la naturaleza humana supone que los seres humanos deben ser castigados para que éstos aprendan a no repetir las infracciones.

Pero la palabra “disciplina” no tiene nada que ver con el castigo. La raíz de la palabra “disciplina” es “el discípulo”, del verbo “a enseñar”. Ok, entonces la pregunta, por supuesto, ¿Qué tipo de disciplina es la más apropiada para el aprendizaje?

Se supone que el objetivo final de esta enseñanza es la autorregulación. La autorregulación significa que nos basamos fundamentalmente en la confianza.  Así que la lección no tiene porqué repetirse. El mayor aporte de Disciplina Positiva indica que el buen comportamiento se debe al acompañamiento, los niños aprenden la buena conducta al ver las buenas acciones de los padres.
De manera que los progenitores confían plenamente en las potencialidades de sus hijos, que desean el desarrollo óptimo en la salud emocional de su hijo y que quieren lo mejor para ellos. Por lo tanto no es interferir en los procesos madurativos del niño basándose en la presión a través de los castigos.

¿Cuál es el objetivo de la autorregulación en disciplina Positiva?

Básicamente el objetivo es:

⦁ No interferir severamente en los procesos madurativos del niño.
⦁ Estar presentes emocionalmente con ellos.
⦁ Acompañar su crecimiento, ya que no es fácil para ellos.
⦁ Confiando en que son capaces.
⦁ Brindarles nuestro apoyo incondicional.
⦁ Respetando lo básico y fundamental de su desarrollo evolutivo.

Se determina que detrás de toda conducta infantil inadecuada tiene un sentimiento que no puede dominar y que el compromiso del adulto básicamente demanda ser sensible a ello, tal vez sea porque el niño se sienta frustrado por haber tenido un mal día, o no fue bien calificada su tarea en clase, o, porque no pudo llevársela bien con sus amigos, o sencillamente necesite un abrazo y no sabe cómo pedirlo.

No existen recetas, fórmulas educativas universales para criar hijos, pero si hay elementos imprescindibles para guiarlos: El amor, la aceptación, la paciencia y la perseverancia, lo demás va en el desempeño del niño que tenemos a cargo, agregando la versatilidad de temperamentos y condiciones de genealogía familiar. Esto hace parte de la Disciplina Positiva, brinda una forma especial de ser y de hacer, es una manera particular de mirar y comprender las conexiones entre padres e hijos.

En efecto, con todo lo que la disciplina positiva brinda, hace que los niños tomen una actitud de aprender a controlarse desarrollando más motivación y “mejor conciencia”. El secreto está en manejar los impulsos como adultos, además debemos ser conscientes y motivarnos a realizar ésta grandiosa tarea. Todo esto tiene una madurez considerable, los niños necesitan nuestra ayuda para el desarrollo sano, se necesita práctica. Los niños reciben esta educación naturalmente como acuerdos de vida, quizás no lo comprendan al principio pero les ayudamos a manejar conflictos según su edad.

La clave es proporcionar a nuestros hijos la experiencia de conexión donde la compasión le gana a ira, es difícil para cualquier persona tomar decisiones sabias o elegir positivamente entre prioridades competitivas.

Debemos ayudar a los niños a llegar hasta un auténtico nivel de comprensión emocional y de autorregulación, no perder el tiempo sobrecargando a estados físicos de ira y temor, sino ofrecerles una oportunidad a calmarse y reflexionar. Una vez que los niños estén tranquilos, podemos trabajar con ellos para fortalecer esa motivación positiva, ayudarles a reconocer y controlar sus emociones, para que puedan manejar el impulso contrario.

No se trata de enseñar, no se trata de aprender a vivir rápidamente, ni de educar para vivir en esta sociedad, solo se trata de apoyar el crecimiento natural en los infantes y de aprender a reflexionar como adultos.

Más información en: http://bit.ly/2xXfOMv

    

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