CÓMO SE RELACIONAN LOS NIÑOS

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Suele pensarse que las relaciones en la infancia son diferentes a las de los adultos, tal vez en apariencia pueda ser así, no obstante, las relaciones entre seres humanos son iguales en todas las edades porque están tocadas por el componente principal, el lenguaje.

Los pleitos, las reconciliaciones, los miedos con respecto al otro y todo lo que envuelve a una relación entre niños, están colocados más allá de la imitación, conducta observada más frecuentemente en los animales, mientras que en la especie humana se trata más específicamente de identificación.

La identificación implica la estructuración de un sujeto y ésta se da a partir de lo que los niños sienten y perciben de su entorno bañado de palabras.

Así, un gesto implica una señal de agrado o desagrado que transmite al hijo significados de amor o desamor. Si dichos gestos son de aversión, pueden quedarse anudados en una palabra que luego tendrá que ser dicha por el sujeto para desanudar un conflicto. Por tanto, con una actitud asociada a todas las posibles expresiones, semblantes, talantes o pareceres de un ser humano, junto con la gama de tonos vocales o posturas con que pueden ser dichas las palabras, la convivencia o las relaciones diarias se convierten en un delicada sinfonía que necesita de muchos instrumentos, tiempos, silencios y uniones para poder hacer honor a su nombre y es así para todos los seres humanos independientemente de la etapa en la que se encuentren.

Cuando los niños se enfrentan por primera vez con sus pares, en un ambiente diferente al familiar, utilizan el conjunto de elementos aprendidos en casa. Si hablan mucho o poco, si se muestran temerosos o confiados, si juegan o más bien observan; cada una de las conductas que presenten será producto de lo escuchado, visto y sentido en casa.

Es importante puntualizar, que lo que se aprende en casa también incluye las vivencias experimentadas cuando hay invitados o si se va de visita a otra casa. Con el paso del tiempo y las experiencias infantiles, los pequeños aprenderán nuevos caminos que formarán parte de su psique y de su individualidad, sin embargo, las bases, lo asentado en sus primeras experiencias permeará todas sus relaciones.

Freud y posteriormente Lacan destacan la importancia de las palabras que la madre utiliza con su pequeño, resultan ser de las más significativas y las que en adelante dirigirán todos los vínculos que  desarrollarán a lo largo de la vida.

Lo que la madre le diga a su bebé con la voz, con las caricias y con la mirada, le dará la capacidad de desear y su pase de entrada al mundo del lenguaje; determinará así, la creencia que tendrá de sí mismo al haber escuchado con anterioridad a la madre referirse a él como hermoso y de la misma manera le ayudará a ubicar el lugar que ocupará en su familia o en su entorno; esté lugar podría verse modificado si por alguna razón se le cuelga una etiqueta reforzada con el lenguaje al emplear términos como Síndrome de Down, Autismo, Psicosis, TDAH, tonto, lento, etc.

De acuerdo a lo anterior, quizás sea importante considerar seriamente las palabras que saldrán de nuestra boca dirigidas a los niños, considerando también aquellas que no se dicen nunca pero que se actúan. 

Cecilia Avalos Tinoco.

Revisión de estilo y aportaciones: Lic. en Comunicación Humana Ana Luisa Lino González.

Bibliografía

Ramírez, Natalia. Las Relaciones Objetales y el Desarrollo del Psiquismo: Una concepción psicoanalítica. Revista IIPSI. Facultad de psicología UNMSM. Vol. 13. No. 2. 2010. PP- 221-230. Lima-Perú.

Lacan Jaques. Escritos Uno. Función y Campo de la palabra. Siglo XXI editores. México-Argentina-España.

Laznik Penot, Marie Christine. Tres niños autistas en psicoanálisis. Ed. Nueva Visión. Buenos Aires 1977  

Levin, Esteban. La función del hijo. Espejos y Laberintos de la Infancia. Colección Psicología contemporánea. Ediciones Nueva Visión. Buenos Aires 2003.

 

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