Amigos imaginarios, mitos y realidades

 Es común escuchar a los niños en la infancia temprana, es decir entre los tres y los siete años de edad jugar y “hablar solos”. Cuando descubrimos que estas conversaciones las tienen con amigos creados por su imaginación, tendemos a alarmarnos y cuestionar el status de salud mental del menor.

Al investigar, nos podemos encontrar con una amplia gama de opiniones al respecto, desde las que tienen que ver con lo paranormal hasta las aproximaciones al diagnóstico de psicosis infantil.

Pues bien, es muy importante tener una referencia al respecto para no caer en estados de alarma y saber cómo actuar frente a este fenómeno propio de la infancia y saber en qué momento detectar si está fuera de lugar.

De inicio, el amigo imaginario es una proyección de la personalidad del niño que está en plena formación, por ello es preciso que tomemos en cuenta la edad en que se manifiesta. A partir de los tres y hasta los siete años de edad como máximo, la aparición del amigo imaginario es, podría decirse, normal.

Pero, ¿cómo debemos actuar los padres y cuidadores frente a ello?

La sugerencia en general es, con calma y normalidad. Aceptando al amiguito como parte de la dinámica de juego del niño pero sin darle más importancia de la que el mismo le da. Sin embargo es fundamental que escuchemos lo que el menor tiene que decir a través de él para familiarizarnos con su mundo interno y, desde luego, con sus necesidades afectivas.

No existe ningún criterio de edad o condición específico que determínela aparición de un amigo imaginario. No es una condición exclusiva de los hijos únicos, o de los hijos menores, tampoco de aquellos inmersos en un mundo de puros adultos, aunque en esta situación particular es posible que si se trate de un factor determinante.

En generaciones anteriores, se habló de la desaparición del amigo imaginario entre los seis y los siete años de edad como resultado del proceso de inserción al medio escolar que implica nuevos parámetros de socialización. Y aunque esto es efectivamente un parte aguas en el desarrollo infantil con la aparición de la obligatoriedad de la educación preescolar, podemos notar que los niños se insertan el medio escolar a una edad más temprana y los amigos imaginarios prevalecen.

Esto es debido a que, como arriba se menciona, la personalidad se está estructurando apenas y se pueden realizar proyecciones de sí mismo en una figura imaginaria externa que le acompañe en la actividad que, por excelencia, realizan los niños para desarrollarse psíquicamente: el juego. No es anormal, en ninguna circunstancia durante este rango de edad, que el niño recurra a esas proyecciones en otros ámbitos como las comidas familiares o la hora de dormir.

Un grave error es señalar a los niños la no existencia de estas figuras e incluso llamarlos “locos” o expresar que están diciendo tonterías o sinsentidos. Esto lejos de poner al niño en contacto con el principio de realidad, merma su producción de pensamiento creativo y el juego fantástico por no decir que hiere sus sentimientos profundamente.

¿Cuándo debemos alarmarnos por un amigo imaginario?

Cuando el menor realiza acciones en contra de sí mismo o de otros seres por instrucción del amigo imaginario, dentro o fuera del rango de edad, es motivo de preocupación y de solicitar ayuda de forma inmediata.

Cuando el amigo imaginario prevalece más allá de los siete años e incluso aparece de forma repentina, ya sea permanente o intermitentemente, en la adolescencia es prudente realizar una valoración psicológica acompañada de entrevistas realizadas por un especialista en salud mental que nos ayuden a explorar la estructura psíquica y el mecanismo de contacto con la realidad del niño o adolescente.

Cuando reaparece en la edad adulta bajo condiciones de estrés post traumático o cualquier otra condición, es necesario también solicitar ayuda profesional.

Es muy importante que el especialista de primer contacto sea un psicólogo (a) clínico con experiencia en trabajo con niños y que esté en disposición; en caso de ser necesario, de solicitar una interconsulta con paidopsiquiatra (psiquiatra infantil) e incluso con neuropediatra y trabajar bajo las premisas que implica un posible diagnóstico diferencial de psicosis infantil.

Pero antes de pensar en ello, debemos recordar que cualquiera que sea la condición, los niños requieren siempre de toda la aceptación por parte de quienes les rodean y les cuidan. Puede sonar muy extraño el discurso sobre el amigo imaginario pero no por ello debemos descartarlo, anularlo, ridiculizarlo, etc. Al contrario, el discurso que conlleva un amigo imaginario es un discurso sobre el mismo niño, sobre su mundo interno, sus necesidades afectivas y de desarrollo. Conocerlo y validarlo nos dará mucha información sobre la realidad psíquica del niño y al mismo tiempo fomentará un acercamiento en términos de principio de realidad. Sin embargo hay que estar alerta siempre sobre los contenidos del discurso y las acciones de los niños, tengas estos amigos imaginarios o no.

Finalmente, ante la duda, siempre es aconsejable consultar con un especialista para tener más y mejores herramientas de acercamiento asertivo con los hijos y de este modo promover un desarrollo sano.

Clínica de Atención Psicológica Integral CAPI

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