Alegrías en el jardín de niños

Refrigerio

A Martina no se le pasaba ni una y por eso cuando entró a trabajar como educadora al kínder Centro Educacional para Chiquillos y Chiquillas A. C., además de darles clases de gimnasia rítmica a los niños, le tocaba también cuidar que los angelitos no hicieran mucho relajo a la hora del refrigerio para que pudieran comer bien y que no terminara la comida tirada por todo el patio de la escuela. La dieta de los niños incluía únicamente comidas y bebidas populares como tacos en sus mil y un variedades, aguas frescas de frutas y de flor de Jamaica, y también algunos dulces mexicanos como alegrías y charamuscas.

Para controlar a los niños inscritos en el kínder a esa hora, Martina tenía una serie de rutinas que iba alternando cada día, y que iban de contarles cuentos descabellados a hacer piruetas, con tal de que todos los chicos tuvieran más o menos la mirada fija en ella mientras comían. Por ejemplo, los lunes tocaba que les platicara cuentos de ovnis y marcianos mientras a cada niño le servían unos taquitos de canasta de papa con chicharrón prensado, un agua de Jamaica y una alegría.

Por lo regular todos los niños comían al menos 1 taquito y la escuela había hecho un trato con doña Mariana, la señora de los tacos de canasta, de que sólo cobrara los tacos que se comieran los niños. A la hora en la que terminaba el refrigerio pasaba la directora del kínder a preguntarle a Martina cuántos tacos en total se habían comido los niños para pagarle a doña Mariana. Pero hubo un lunes en que los niños no habían comido la cantidad de tacos habituales, sino muchísimo menos, por lo que cuando la directora le preguntó a Martina cuántos tacos se habían comido las criaturas, ésta le contestó: “Hoy de plano apenas y comieron. Fíjese, de la décima parte de los niños que comieron 2 tacos, cada 1 comió solamente 1 y el resto de los niños comió 5 tacos cada 1, y además hoy no estoy de humor para hacer la cuenta de cuántos tacos hay que pagarle a doña Mariana.”

A pesar de lo confuso de la respuesta de Martina, la directora fue con doña Mariana, le devolvió los tacos que habían sobrado y le pagó exactamente lo correspondiente a 200 tacos de canasta.

¿Cuántos niños había inscritos en la escuela?

El recreo

El recreo Otra de las obligaciones de Martina era tocar la campana antes y después del recreo de exactamente 11 minutos que todos los días disfrutaban los niños. Para ello sólo tenía que fijarse en el inmenso reloj de pared que había en el patio.

Sin embargo, un día el reloj se descompuso y nadie en la escuela llevaba ningún tipo de reloj, por lo que Martina se acordó que hacía poco uno de sus tantos novios le había regalado un par de relojes de arena que servían para medir el tiempo en el que se cocinaba un huevo duro o una sopa de fideo. Uno de los relojes, en el que tardaba 5 minutos en caer la arena de un compartimento a otro, se empleaba para marcar el tiempo en el que se estaba cocinado un huevo duro, y el otro, en el que tardaba 8 minutos en caer la arena, se empleaba para marcar el tiempo necesario para que estuviera lista una sopa de fideo.

¿Cómo le habrá hecho Martina para marcar exactamente los 11 minutos del recreo?

La siesta

Dado que la siesta de los niños duraba 1 hora, Martina decidió contratar a un niño para que los cuidara mientras ella se iba a ver a su novio a la tienda de la esquina. Un día, entre beso y beso el novio le preguntó a Martina cuántos años tenía el niño que cuidaba a los niños mientras dormían y ella le contestó: “No sé bien, pero lo que sí es cierto es que dentro de 4 años tendrá exactamente el triple de la edad que tenía hace 4 años.

¿Cuántos años tenía el niño que cuidaba a los niños durante su siesta?

Web : www.comoves.unam.mx

Redes sociales: Facebook, Twitter 

Tú nombre (requerido)

Tú e-mail (requerido)

Tú teléfono (requerido)

Tú mensaje

Shares

Tags: , , ,



Back to Top ↑
  • Suscribirme al Boletín

    ¡Recibe las últimas noticias, promociones y más!