Agujeros en el tiempo

Los metamateriales, producto de la nanotecnología, ya se están usando para crear algo parecido a una capa de invisibilidad para ocultar objetos en el espacio. Ahora podrían aplicarse para hacer invisible un acontecimiento en el tiempo.

A primera vista, el caso no tenía nada de especial. El robo del cuadro se había producido el sábado por la noche, cuando el museo estaba cerrado. Los ladrones habían conseguido desactivar la alarma y penetrar en el interior sin llamar la atención de los guardias de seguridad. Nadie había notado la desaparición del cuadro hasta el lunes a primera hora. Fue entonces cuando llamaron al inspector Tapia.

El inspector acudió al museo ese mismo lunes y estuvo examinando el lugar del delito sin encontrar ninguna pista. La sorpresa llegó al revisar los videos del circuito de seguridad. El cuadro se exhibía en una de las salas principales, donde había varias cámaras de vigilancia. Sin embargo, y por muy increíble que parezca, la grabación no había registrado nada en absoluto. Es decir, el cuadro estaba en su sitio, con la sala completamente vacía, ¡y de repente desaparecía como por arte de magia! El inspector estaba tan extrañado que vio el video varias veces.

Entonces se acordó de una noticia que había leído en el periódico hacía ya varios meses. Unos físicos del Imperial College de Londres afirmaban haber encontrado una forma teórica de crear agujeros en el tiempo. La idea era similar a la que hacía posible las llamadas capas de invisibilidad, pero en vez de ocultar objetos en el espacio, escondería eventos en el tiempo. E igual que un observador no sería capaz de ver un objeto cubierto por una capa de invisibilidad espacial, tampoco podría ver un suceso que ocurriera en ese agujero temporal, aunque le pasara frente a los ojos.

¿Sería aquello lo que habían utilizado los ladrones para robar el cuadro?

Otras capas de invisibilidad

Aunque al principio las investigaciones se centraron únicamente en la luz, desde hace varios años los científicos estudian dispositivos de invisibilidad para otros tipos de ondas. Unas de las primeras fueron las ondas sonoras, que tendría evidentes aplicaciones militares: la presencia de los submarinos en el mar se detecta por sónar. El sónar (o sonar) es un aparato que emite ondas sonoras en el agua. Al toparse con un cuerpo, estas ondas se reflejan y vuelven al punto de partida, lo que permite saber la ubicación y la velocidad del objeto. Una capa de invisibilidad sonora lograría que dichas ondas rodearan el objeto en vez de rebotar contra él, de manera que el sónar fuera incapaz de detectarlo. Aparte del ámbito militar, también podría usarse en lugares donde se quiere conservar el sonido y evitar que se degrade; por ejemplo, en teatros y auditorios.

A principios de este año, un equipo de la Escuela Universitaria de Matemáticas de Manchester (Reino Unido) anunció que había encontrado una forma teórica de camuflar edificios, haciendo que las ondas elásticas de los terremotos no los vieran y simplemente los rodearan. Esta capa de invisibilidad, hecha a base de goma a presión, sería muy interesante para proteger de sismos las plantas nucleares, centrales eléctricas y edificios oficiales.

Otro tipo de capa de invisibilidad podría evitar que los materiales se calienten demasiado rápido. El calor no se transmite en forma de onda, sino que se difunde por el espacio. Sin embargo, unos investigadores de la Universidad de Marsella han encontrado una forma de conseguir un efecto análogo que podría proteger, por ejemplo, a vehículos espaciales en su reingreso a la atmósfera. Además, esta misma técnica también podría usarse para concentrar el calor, con interesantes aplicaciones en la tecnología solar.

La última novedad en capas de invisibilidad llegó hace pocos meses. Un equipo de científicos de España y Eslovaquia diseñó un cilindro que impide que el campo magnético penetre en su interior. Esto podría servir para aislar marcapasos e implantes auditivos de campos magnéticos cuando la persona debe someterse a un examen por resonancia magnética nuclear.

Todas estas cosas eran impensables hace apenas una década.

Daniel Martín Reina

Web: www.comoves.unam.mx

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