Actividades en vacaciones y fines de semana entre padres e hijos

 

 

Vivimos en un mundo en el que los niños viven ocupados, y la mayor parte de su tiempo lo pasan en la escuela. Los momentos de ocio y recreación como las vacaciones y los fines de semana son una oportunidad para cambiar el ritmo, desarrollar actividades de calidad y formar vínculos con sus papás. Entre las recomendaciones de la Dra. Sandra Massry, creadora del modelo EducaLibre, se encuentran: la visita a museos, actividades en la naturaleza, cocinar o participar en proyectos de voluntariado que promueven el entretenimiento, aprendizaje lúdico y la formación de hábitos de responsabilidad y conciencia social.

Los múltiples días de descanso durante las vacaciones para los millones de niños en México y el tiempo libre en fines de semana es una oportunidad de reposo y esparcimiento para los infantes; aunque también existe el riesgo de abusar del uso de las pantallas, el sedentarismo o el incremento en el consumo de comida chatarra; de ahí la importancia de que los padres promuevan actividades de calidad para estos periodos.

Actualmente, en especial en los entornos urbanos, los niños pasan la mayor parte de su tiempo en la escuela y a eso se suman actividades extracurriculares, siempre están ocupados. Los periodos de descanso permiten romper esa rutina, sin embargo, es común que los niños vean más televisión, aumenten su tiempo en otras pantallas, se mantengan sentados e inactivos, e incluso incrementen su consumo de comida chatarra y por tanto aumenten de peso y afecten sus hábitos de salud, de acuerdo con diversos estudios, como el del Journal of School Health.

De acuerdo con la Dra. Sandra Massry, directora de AcadeMix y creadora del modelo EducaLibre, una metodología de aprendizaje que impulsa la autonomía y el neurodesarrollo infantil, el tiempo libre debe ser aprovechado de diferentes maneras, como a través de las siguientes opciones:

  1. Cambiar el ritmo. Ajustar los horarios de ir a dormir y despertar, de forma moderada y planeada, permite quitar la presión del tiempo; el no tener que usar un uniforme diario da apertura a opciones para vestirse como ellos quieren y mostrar su individualidad; al retirar las labores escolares temporales es posible disminuir la prisa del día a día.
  2. Crear o fortalecer vínculos familiares. Durante periodos de descanso es posible explorar un acercamiento que va más allá de la supervisión de lo que se hace a diario. Son una oportunidad para hacer cosas juntos, de conocer más los intereses e inquietudes de los pequeños, hacerlos parte de tareas en las que normalmente no tienen tiempo de colaborar, y de sembrar hábitos que los hagan ser y reconocerse como parte de la dinámica familiar.
  3. Promover acciones de calidad. Impulsar actividades deportivas, artísticas y recreativas, alejándose de aquellas comunes que fomentan el sedentarismo o el consumismo, y que reten la creatividad y aprendizaje lúdico, pueden transformar la experiencia vacacional.

Programar actividades diarias o semanales puede ser una labor titánica, ya que los padres no tienen la misma libertad de tiempo que los hijos en vacaciones. Crear un grupo de 5 familias, en las que 1 padre se haga responsable de un día de eventos es un excelente mecanismo para que lo que se haga sea de calidad y divertido.

El reto es definir cuáles son estas actividades, porque tal vez lo que yo considero una actividad de calidad, para ti no lo es. Son actividades que estimulan los sentidos del niño, su creatividad, que le impulsan a hacer cosas y no ser un espectador pasivo” comenta la Dra. Massry.

De acuerdo con la especialista, estas son algunas sugerencias y ejemplos de actividades de calidad para los pequeños que serán aliadas en la creación de vínculos familiares:

  1. Contacto con la naturaleza. Es una necesidad física y emocional para los niños, pero en la actualidad, el tiempo en lugares al aire libre es limitado. Salir a una caminata al parque, al bosque, ir a remar, ver un lago, una cascada, pescar, acampar, ir a la playa; las posibilidades de asombro son mayores que cualquier entorno comercial o incluso de parques de diversiones. Además, permite inculcar valores relacionados con el cuidado del medio ambiente.
  2. Acercarse al arte/visitar museos. Es más sencillo educar y desarrollar los sentidos desde pequeños, por lo que la apreciación artística y cultural es algo que deberíamos promover desde la infancia, ya que ayuda al pensamiento creativo, la creación y el pensamiento alternativo. “Seguramente la primera reacción de un niño será de resistencia, ya que piensa que se va a aburrir, pero ya que están ahí, son felices por estar en acción y conociendo cosas nuevas” indica la Dra. Massry.

La actividad debe ser simple, y alejada de la experiencia de escuela, lo más importante es dedicarle un poco de tiempo sólo a absorber la estética, lo que por sí solo suma al niño. Como adultos es posible sentirse intimidados o faltos de preparación, para lo cual pueden bajar guías de internet, tener recorridos guiados, o participar de las actividades que cada museo diseña para los pequeños. Lo más importante es disfrutar y asombrarse juntos, no tratar de convertirlo en una experiencia de memorización o la obligación de visitar todo un museo.

Algunas opciones, para los habitantes y visitantes de la Ciudad de México; son el museo Soumaya, en especial el último piso con las esculturas es muy llamativo para los niños; el recientemente remodelado Museo de Historia Natural; la Casa de Frida Kahlo; o exposiciones itinerantes.

 

  1. Recorrer espacios públicos. Para promover la convivencia familiar, el diálogo e impulsar el asombro al conocer lugares diferentes, se recomienda visitar plazas públicas, monumentos, parques o hacer un picnic al aire libre. Es importante recordar la promoción de valores congruentes a los desarrollados en casa: no tirar basura, sino recoger y reducir; no usar materiales desechables; dejar los lugares mejor de lo que los encontramos.
  2. Huerto en casa. aprender a construir un huerto en casa y cuidarlo juntos es un proyecto que impulsa la responsabilidad y que da una gran gratificación, como la alegría de poder preparar una ensalada con los jitomates y lechuga que ustedes mismos sembraron. Ver el avance diario de una tarea que implica dedicación y cuidado, hará sentir orgullosos a tus hijos.
  3. Cocinar juntos. Cocinar con los niños es una de las actividades que más aportan a su desarrollo y que normalmente no tenemos el tiempo de realizar, es por ello que las vacaciones y fines de semana son una gran oportunidad para hacerlo. El contacto con los ingredientes y ver cómo se transforman es la base de la ciencia. Los pequeños aprenden a seguir una secuencia de pasos; tener precaución al manejar utensilios como cuchillos o al acercarse a la estufa; refinan sus movimientos y otorga responsabilidad. Es importante como padres dejarlos hacer, que no sean espectadores, sino que formen parte integral del proceso.

Además de estas actividades, los tiempos compartidos son una oportunidad para que los padres fortalezcan la relación con sus hijos y se desarrollen hábitos que perduren y aporten durante toda su vida, algunas acciones recomendadas son:

  1. Crear una relación más cercana entre padres e hijos. La actividad de la gestión diaria, desde revisar la tarea, ver cómo va la escuela, y el desempeño extracurricular, deja poco espacio para una convivencia de mayor calidad. Es necesario que los días libre sean para sembrar dinámicas que puedan volverse regulares, como leer juntos, juegos de mesa en la noche; u otras más importantes como abrir nuevas vías de diálogo. El adulto puede comenzar a hablar de cómo se siente o de su día y con ello detonar a que el niño comparta qué hace, qué le emociona, cómo se siente.

Aunque puede ser complejo generar el ambiente para que los niños compartan lo que han hecho en su día y las emociones que han sentido, lo recomendable es hacerlo a través de modelar lo que queremos que suceda. Si queremos que nos cuenten cómo se sienten, comencemos contando cómo nos sentimos, lo que nos gustaría hacer, lo que nos resultó difícil de la jornada, lo que nos emociona y de esa manera ellos comenzarán a compartir”. comenta la Dr. Sandra Massry.

  1. Compartir responsabilidades. Siempre es un buen momento para que los niños participen en las actividades diarias del hogar, desde aquellas de limpieza hasta pequeñas reparaciones, que serán asignadas de acuerdo con su edad. Ayudar a lavar ropa, poner la mesa, limpiar su habitación, la sala u otro espacio, permite que sean conscientes de que la colaboración de todos es importante, por lo que cuidar el lenguaje y recalcar que no están ayudando a sus papás, están aportando a la casa y a la familia, es responsabilidad de todos el cuidar sus espacios. “La casa es de todos y cada uno debe aportar y esta colaboración no debe ser remunerada; debe ser por convencimiento, no por obligación” de acuerdo con Massry, también terapeuta en educación infantil.
  2. Un proyecto de impacto social. Algunas de las acciones antes mencionadas, también pueden ser parte de un proyecto que ayude a los niños a reconocer que ellos sí tienen influencia en su entorno; por ejemplo, combinar una salida a la playa o el bosque con una actividad de recoger basura. Es posible participar en un campamento con este enfoque; sembrar un árbol o participar en una campaña de limpieza de ríos. Lo más importante es que el adulto debe enseñar con el ejemplo, ser el primero en realizar la actividad y participar con el niño en ella.
  3. Trabajo de medio tiempo en verano o de fines de semana para adolescentes. Es una actividad que todos los jóvenes deberían desarrollar, ya que les permite convivir con otro tipo de personas, desempeñar nuevas responsabilidades, y ganar su propio dinero para aprender a ocuparlo mejor. “Un joven que aprende el valor del trabajo, cambia su actitud de sólo pedir, a valorar y cuidar el dinero y lo que compra con él” indica Massry. Adicionalmente, el mantenerse ocupados y en actividad, ayuda a evitar malos hábitos, vicios e incluso compañías que pueden ser peligrosas.

Lo más importante del tiempo libre y de descanso es encontrar momentos en común entre los padres y los hijos a través de acciones que permitan el desarrollo integral como individuos y como una familia, a través de experiencias lúdicas, divertidas y memorables que transformen la cotidianeidad y sean algo fresco antes del regreso a clases y las actividades regulares.

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